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La verdad sobre Sacrificios Humanos y Ritos Satánicos

Pamela - 30/09/2010 16:13 horas  Comentario(s) Enviar la noticia por emailEnviar Noticia

Los sacrificios humanos tal como está documentado por diferentes fuentes– fueron practicados en las religiones celtas de la edad de bronce y en los rituales relacionados con la adoración de los dioses en Escandinavia. Para los habitantes de la antigua Cartago, enemiga sempiterna de Roma, el asesinato ritualista de infantes recién nacidos, era también una manera de aplacar a sus deidades.

En América era común entre los Mayas e Incas, entre otras culturas indígenas.

 

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Como se podrá apreciar, la práctica de sacrificios de personas no es nada nuevo.


No creer ya en Dios no significa creer en nada; por el contrario, significa creer en todo. Esta conocida intuición de Chesterton describe bien la condición de muchos hombres de hoy, los cuales, tras abandonar la fe cristiana y decepcionados de las pretensiones de la razón iluminista, se encuentran inermes frente a la realidad. No consiguen liberarse de la angustia de su soledad radical frente al mundo y al tiempo. Para dominarla recurren a la magia, que permitiría obtener la protección de poderes ocultos, y no renuncian a buscar una alianza con las mismas potencias del mal.

Por esto proliferan las prácticas mágicas; incluso algunos fieles cristianos participan en grupos satánicos que practican un culto abiertamente contrario a la religión católica.

 

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Una estrategia que les rinde resultados es la realización de reuniones en grupos pequeños para socializar sus creencias.  Pese a su discreción, deben incluir en sus prácticas las invocaciones, beber sangre de animales, utilizar símbolos, hacer juramentos y el infaltable pentagrama invertido generalmente en el piso. En algunos casos si es una tradición de satanismo al interior de una familia, llegan a conservar altares en cuartos que permanecen cerrados.


Algunas prácticas extremas incluyen abusos sexuales o la ingesta de excreciones corporales, como orina y heces fecales. Las llamadas misas negras son llevadas a cabo en temporadas especiales. Cuando se llega al sacrificio humano, incluye tortura bajo el convencimiento de que entre mayor sufrimiento experimente, se libera energía y los participantes ven transformado ese dolor en mayores poderes sobrenaturales.

 

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La participación en sectas y en cultos satánicos deja al hombre cada vez más inerme frente a Satanás. Aún convencidos por la fe de que el diablo no tiene poder sobre la salvación eterna del hombre si éste no se lo permite, no podemos considerar que la libertad (de modo particular, la libertad en estado de pecado) es omnipotente frente a las insidias del diablo. Cuanto más participa una persona en las prácticas aludidas, tanto más débil e indefensa se encuentra.


En este sentido se puede suponer que los afiliados a sectas satánicas corren el riesgo de convertirse más fácilmente en víctimas de realidades como el "hechizo", el "mal de ojo", las "vejaciones diabólicas" y las "posesiones demoníacas".

Estás prácticas llevan a abusos rituales en niños y adultos con consecuencias perjudiciales. Durante las festividades satánicas las salas de emergencia de los hospitales son abarrotadas. Documentos legales comprueban que el procesamiento legal de los que llevan a cabo estos actos les da un sentido de justificación por lo que fue hecho a sus víctimas.

Los abusos más severos son la violación sexual, el asalto sexual y tortura, los sacrificios humanos y/o de animales, y el ser enterrados vivos. Las víctimas de abusos rituales desarrollan síntomas. Los niños pueden comenzar a hacer daño a otros niños o a animales de la misma forma que se les ha hecho a ellos. Llevarán a cabo actos sexuales y de automutilación. No es poco común observar a las víctimas mecerse mientras cantan o golpean la cabeza. Los niños pueden estar aterrados en las noches y tienen problemas en mantenerse despiertos durante el día justo después de haber participado en rituales nocturnos. Los padres pueden identificar los días de somnolencia cerca de la misma fecha de las festividades cristianas y los solsticios, ya que las festividades satánicas se llevan a cabo a la misma vez. Uno o dos de estos síntomas no necesariamente garantiza que un niño está siendo víctima de abusos rituales, pero varios de estos síntomas junto con otros signos deben ser tomados como alarma para buscar ayuda y tratamiento profesional.De diversa naturaleza son las acciones extraordinarias de Satanás contra el hombre, permitidas por Dios por razones que sólo él conoce. Entre éstas podemos citar: trastornos físicos o externos (basta recordar el testimonio de la vida de tantos santos); o intervenciones locales sobre casas, objetos o animales; obsesiones personales, que ponen al sujeto en estados de desesperación; vejaciones diabólicas, que se manifiestan en trastornos y enfermedades que llegan a hacer perder el conocimiento, a realizar acciones o a pronunciar palabras de odio contra Dios, Jesús y el Evangelio, la Virgen y los santos; finalmente, la posesión diabólica, que es la situación más grave porque, en este caso, el diablo toma posesión del cuerpo de una persona y lo pone a su servicio sin que la víctima pueda resistirse.

El anuncio de la potencia redentora del Resucitado, contenido esencial del Kerygma apostólico, es sustituido por "técnicas" y "ritos" con los cuales se pretende obtener, para sí o para otros, la protección del maligno. El Catecismo de la Iglesia católica dice: "Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone "desvelan" el porvenir. La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a "mediums" encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios"

Todas estas formas por misteriosas que sean, no pueden considerarse sólo situaciones de tipo patológico, como si fueran todas y siempre formas de alteración mental o de histerismo. La experiencia de la Iglesia y muchos casos reales en diferentes partes del mundo nos muestra la posibilidad real de estos fenómenos.

 

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Frente a estos casos, la santa Iglesia, siempre que haya certeza de la presencia de Satanás, recurre al exorcismo. El Catecismo nos recuerda esta praxis eclesial: "El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del maligno y no de una enfermedad" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1.673). La celebración de este sacramental, reservado al obispo o a ministros elegidos por él para ese fin, consiste en la reafirmación de la victoria del Resucitado sobre Satanás y sobre su dominio (Código de derecho canónic, c. 1.172).

 

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Junto con los exorcismos, el nuevo Ritual incluye también bendiciones que manifiestan el esplendor de la salvación del Resucitado, ya presente en la historia como un principio nuevo de transfiguración de la vida del hombre y del cosmos. Estas bendiciones son apropiadas para confortar y ayudar a los fieles, sobre todo cuando no se tenga certeza de una acción satánica sobre ellos. Se incluyen, por lo tanto, en la práctica normal de oración de la comunidad cristiana.

Sin duda se preguntará, ¿Por qué los rituales deben incluir derramamiento de sangre? La explicación es sencilla: los satanistas procuran la destrucción del género humano y la creación de Dios, y tienen claro que en la sangre está la vida.

Nuestro amoroso Padre celestial advirtió a los primeros pobladores de la tierra sobre la necesidad de no comer nada que la contuviera: “Pero no deberán comer carne con su vida, es decir, con su sangre. Por cierto, de la sangre de ustedes yo habré de pedirles cuentas. A todos los animales y a todos los seres humanos les pediré cuentas de la vida de sus semejantes. »Si alguien derrama la sangre de un ser humano, otro ser humano derramará la suya, porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios mismo.”(Génesis 9:4-6, Nueva Versión Internacional) 

 

 

¿Observa la trascendencia del asunto? Quienes adoran el mundo de las tinieblas saben que quitar la vida, así como beber la sangre y consumir la carne de sus víctimas, va en contravía de lo dispuesto por Dios—a quien consideran su enemigo–, al tiempo que Satanás les ha vendido la idea de que les traerá poder.

 
Nuestro amado Salvador dijo que gracias a su sacrificio en la cruz, tendríamos acceso al Padre al ser perdonados nuestros pecados y vida eterna: “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. .”(Juan 6:53-55)

Trasgrediendo esta enseñanza, los adoradores del diablo acuden a ceremonias en las que utilizan símbolos de la iglesia católica como hostias consagradas en misas al tiempo que beben de un cáliz –generalmente robado de un templo–con el líquido vital.
Pero no olvidemos que el recurso fundamental contra las asechanzas de Satanás es la vida cristiana en su realidad diaria: la pertenencia fiel a la comunidad eclesial; la celebración frecuente de los sacramentos (sobre todo de la penitencia y de la Eucaristía); la oración; la caridad acompañada de obras y el testimonio gozoso frente a los demás. Estos son los instrumentos principales a través de los cuales el cristiano abre plenamente su corazón al Resucitado, para asemejarse a él. Son los signos tangibles de la misericordia de Dios hacia su pueblo y tienen el poder de redimir al hombre arrepentido, cualquiera que sea su pecado.


Contra la acción del maligno, que lleva a perder la esperanza de la salvación, el Padre jamás niega su perdón a quien se lo pide con corazón sincero. Cuanto mas fiel es la comunidad cristiana a su misión evangelizadora, tanto menos el cristiano deberá temer al maligno. Su libertad podrá confiar plenamente en Aquel que ha vencido a Satanás. Quien ha descubierto a Jesucristo no necesita buscar la salvación en otra parte. Él es el único y auténtico Redentor del hombre y del mundo.


Tener imformacion acerca de estos temas es muy importante porque existen casos y mucha gente sufre por esto pero tambien existen personas que pueden ayudar a otros muchos asesinos entregados al diablo no nacieron malvados. Fueron desviados hacia el mal por una sociedad que descuidó sus necesidades humanas básicas y que les dio riqueza en lugar de cariño.

 

En una respuesta de desafío se volvieron satanistas, resueltos a hacer demostraciones de maldad y a tomar por la fuerza lo que no habían recibido gratuitamente de parte de aquellos que debían haberlos amado. Una falta de autoestima era la razón principal por la cual habían intercambiado la virtud por el mal. Si el ser buenos no aportaba felicidad, entonces el ser malos, excesivamente malos, por lo menos los conduciría al poder y a una satisfacción lujuriosa realmente no son felices y terminan muy mal existen palabras  como fe,voluntad,esperanza es mejor para cada uno buscar eso y ayuda todo es posible.Nadie tiene derecho a quitar la vida de otros antes que el mal llame a la puerta de nuestras vidas, aprendamos y enseñemos cómo dejar entrar el amor y ayudarnos unos a otros.

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